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50 años después, New Brunswick revisa el verano de 1967

Las protestas del 1967 fueron lideradas por estudiantes, pero un defensor dice que las escuelas de la ciudad todavía son insatisfactorias.
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La portada del Home News, verano de 1967 Home News

NEW BRUNSWICK, NJ—El verano de 1967 vio las tensiones raciales convertirse en violencia y desorden civil en Detroit, Newark, y más de 100 otras ciudades a través del país.

El año inestable vio más de 159 motines en toda la nación, e informó el país de la frustración de la población negra y su agitación por los derechos civiles.

Mientras que New Brunswick no fue inmune a la inquietud, nadie perdió su vida y muchos lo vieron como un punto de inflexión fundamental en la historia de la ciudad.

En la secuela del caos, el presidente Lyndon B. Johnson estableció el Comité Nacional Consultivo sobre los Desórdenes Civiles, conocido como el Kerner Commission, para investigar las causas de los motines raciales en los Estados Unidos y para proveer sugerencias para el futuro.

El reporte de la comisión surgió que el racismo de los blancos era una de las causas principales de la violencia urbana, y pidió el fin de la segregación de facto y la creación de nuevas viviendas y trabajos.

Martin Luther King Jr., un líder de derechos civiles, declaró que el reporte era como “la advertencia de un médico de que la muerte se está acercando, con una prescripción para la vida.”

La comisión también alabó Patricia Sheehan, la alcaldesa de New Brunswick. La alcaldesa fue la única entre todos los alcaldes en los Estados Unidos de desescalar la situación.

Todo empezó con la discordia de la noche del de 12 de julio, 1967, en Newark, la ciudad más grande de New Jersey.

Aquella noche, los residentes del proyecto de vivienda Hayes Homes vieron dos policías blancos arrastrar a un hombre golpeado e incapacitado a la cuarta delegación policial, un rumor se empezó que un hombre murió detenido en la comisaría.

Los manifestantes se agruparon y les arrojaron ladrillos y piedras a la policía cuando ellos aparecieron con los cascos puestos y con bates en mano. Algunos residentes corrieron al palacio municipal en protesta.

Después de la medianoche, vidrieros fueron quebrados y el saqueo había empezado, iniciando cuatro días de destrucción. Los disturbios dejaron 26 personas muertas y cientas lesionadas.

Los residentes de New Brunswick ansiosamente siguieron la trayectoria de los eventos que se desarrollaron en Newark, y los disturbios muy pronto empezaron a diez millas de distancia, en Plainfield.

Una pelea se eruptó en un diner el viernes, 14 de julio y adolecentes negros empezaron a romper las ventanas y tirar piedras a los autos de policía.

Dos días más tarde, John Gleason, un policía blanco, fue golpeado y baleado hasta morir después de intentar de romper una confrontación entre un grupo de jóvenes negros y una un grupo de motoqueros blancos.

Parloteo de un inminente disturbio en New Brunswick se difundió, y la alcaldesa Patricia Sheehan luego describió una sensación de “una fiebre en el aire”.

Temiendo de que la violencia escalará en la noche del 17, una agencia de acción local conocida como el MCEOC le entregó una nota a la alcaldesa.

La nota advirtió que “las condiciones sociales creadas por la negligencia y la putrefacción que se ha exasperado por tanto tiempo que obviamente no se podrá remediar en tiempo para parar una conflagración que podrá ser desastrosa para las personas de todas razas en estas áreas.”

Se hicieron planes de despliegue policial si la violencia empezara y un toque de queda a la medianoche se impuso a través de la ciudad.

Alrededor de las 9 de la noche un grupo de más o menos 200 residentes negros se congregaron en la esquina de la calle George y la avenida Remsen cerca de los proyectos de vivienda Memorial Gardens.

Eran principalmente adolescentes guiados por estudiantes de la secundaria que estaban molestos por el tratamiento injusto que recibían en las escuelas públicas y por el desempleo.

El grupo caminó hasta la calle George hacia el distrito central de negocios, mientras que el número de personas aumentó hasta 300.

Los manifestantes rompieron los vidrios de negocios y saquearon varias tiendas. Dos autos fueron volteados y uno fue quemado, y algunos tiraron cócteles molotov que no llegaron a destrozar ninguna propiedad. Ralph Petrone, el jefe de policía, inmediatamente llamó a 100 agentes de policía de los pueblos alrededores para ayudar a los 60 agentes de New Brunswick.

Sheehan ordenó la policía a actuar en moderación y la mayoría siguió sus instrucciones, instando a los jóvenes que se vayan de las calles e irse a sus hogares. Al fin de la noche, 50 personas, incluyendo a 18 jóvenes, todos negros, fueron arrestados por saqueo, posesión de propiedad robada, portando armas, y merodeo.

El día siguiente los líderes del MCEOC organizaron una cita entre la alcaldesa Sheehan y un grupo de jóvenes locales para compartir sus frustraciones con las escuelas, el recreo, la vivienda pública, y los trabajos.

Sheehan prometió investigar a un director de escuela que fue sospechada de tratar a estudiantes negros injustamente, y algunos de los jóvenes acordaron difundir mensajes en la estación de radio de la ciudad instando a la gente a no correr las calles esa noche, diciendo que la alcaldesa había hablado y prometido trabajar con ellos.

Aún así, una multitud de acerca de 200 personas se congregaron de nuevo esa tarde en la calle George y la avenida Remsen a pesar de los esfuerzos de la alcaldesa y el toque de queda de las 10 de la noche.

La comisión Kerner reportó sobre la disturbancia descrita por la agrupación como “más grande y áspera” que la noche anterior.

La policía armada con ametralladoras formaron una barricada para prevenir que los manifestantes avanzan al distrito de negocios de la ciudad.

Alguien le gritó al comisario que si la policía no se huyera de su vecindad, todos saldrían y buscarían sus armas. Si los sacaran, se irían.

La alcaldesa Sheehan ordenó al jefe Petrone que sacara sus agentes de policía. Una portavoz para New Brunswick reportó que cuando se negó al comando, su consejero político agarró la radio policial y ordenó a los agentes que se regresen a la estación inmediatamente.

Los manifestantes caminaron a la jefatura de policía y demandaron hablar con la alcaldesa. Con un micrófono Sheehan dirigió a la multitud y estuvo de acuerdo que sus quejas eran válidas, diciéndole, “esta es tu ciudad, también.”

La ciudad estaba lista para darle una oportunidad para corregir la situación, parcialmente porque había tomado el oficio hace solo seis semanas anterior, después de una elección emocionante que sacó la administración del palacio municipal que había gobernado por 27 años.

Su equipo de candidatos, conocidos como “Los nuevo cinco”, habían prometido como candidatos una mejoría en las relaciones raciales en la ciudad, y de acuerdo a C. Judson Hamlin, Director de la Corporación de Servicios Legales del condado de Middlesex, se marcó la primera vez que las personas negras habían participado de manera significante en las campañas locales.

Muchos de los asuntos que fomentaron disturbios en New Brunswick fueron comparables a otras ciudades.

En 1974, Sheehan, la primera alcaldesa de la ciudad, se resignó y Aldradge Cooper, el primer alcalde negro de la ciudad oficialmente tomó su lugar.

La juventud de New Brunswick se hicieron oír y empezaron un diálogo para que si hicieran modificaciones, pero la ciudad seguía sufriendo de abandono y desinversión.

Desindustrialización y suburbanización había reformado la región tras los años 1950s y 1960s- las fábricas se cerraron y despidieron trabajadores, y muchos residentes eligieron moverse a los suburbios donde las casas y los impuestos eran más bajos.

Los negocios en la calle George cerraron con el crecimiento de los centros comerciales o malls y la ciudad perdió un flujo de impuestos. Cuando las familias de medio ingreso se mudaron fuera, la población negra creció al 22.9% de los residentes de New Brunswick en el año 1970, y casi un tercio de las familias no blancas de la ciudad vivían en pobreza.

Johnson & Johnson (J&J), el empleador más grande de la ciudad en esos entonces, no lograba integrar a su población activa.

La compañía ofreció trabajos a los refugiados Húngaros que llegaban a New Brunswick después de una revolución en 1956, pero no extendieron la misma acción afirmativa a los Afro-Americanos con raíces en New Brunswick.

Después de reunirse con el Presidente Johnson y otras corporaciones sobre el “problema urbano”, los executivos de J&J pusieron a John Heldrich en cargo de los esfuerzos de la compañía para revitalizar la ciudad.

J&J llegaría a cooperar con la ciudad para crear organizaciones sin ánimo de lucro incluyendo a New Brunswick Tomorrow y New Brunswick Development Corporation (DEVCO).

La corporación también compró once bloques de propiedad inmobiliaria para construir una masiva oficina central en New Brunswick.

Heldrich se juntó con Harold R. Sims, el director ejecutivo de la Liga Urbana Nacional y una figura pública prominente, para integrar los empleados de la compañía.

Roy Epps se agregó a la Liga Urbana, o Urban League (la cual se luego convirtió en la Civic League of Greater New Brunswick) como un trabajador social de la comunidad en Septiembre del 1967.

Fue justo alrededor del tiempo cuando la Liga empezó a recibir más fondos y establecer nuevos programas.

Los dueños de negocios se juntaron para empezar un programa para ayudar a crear más oportunidades de trabajo para los residentes negros y Puertorriqueños, incluyendo entrenar a ser operadores de AT&T. La Liga también creyó la Asociación de escuela para los padres y estudiantes para dar sus opiniones sobre la falta de material escolar relacionado a los Afro-Americanos, y para empezar nuevos clubes y actividades.

“Una de las razones por la cual nos envolvimos en las disturbancias fue el tema de las escuelas,” dijo Epps. “No fue hasta que hubo alguna resolución alrededor de 1969, que las personas se pusieron más cómodas.”

David Harris fue el presidente del capítulo de New Brunswick de la Liga Urbana en esos entonces y cree que las escuelas de la ciudad siguen siendo un problema unos cincuenta años después.

“El tema principal nunca fue dirigido, y eso era escuelas públicas para los niños pobres.”

Harris, quien hoy en día maneja un daycare, dice que los jóvenes profesionales se están mudando fuera de New Brunswick cuando sus niños llegan a una edad para ir a mejores distritos.

Él hace comparaciones con 1967, diciendo que el sistema está bajo segregación de facto porque los padres no están permitidos a mandar sus niños a mejores escuelas en los pueblos del alrededor.

El departamento de educación de New Jersey clasifica los distritos escolares de la ciudad en los ocho agrupamientos más bajos. Como era en los 1960s, las escuelas están educando un sector demográfico que se mantiene abrumadoramente de bajo-ingreso.

La mitad de los residentes de New Brunswick se identifica como Hispano, y los Hispanos hacen el 88% de los estudiantes del sistema de escuela.

“Por lo menos cuando New Brunswick tenía una mayoría negra, hablaban Ingles,” dijo Harris. “Los chicos nacen acá con padres Mexicanos y no saben ni una cosa del país. Podríamos por lo menos hacer un mejor trabajo usando su idioma para enseñarlos.”

Los sindicatos y miembros de junta en New Brunswick que también están opuestos a las escuelas charter, las cuales Harris cree que pueden operar con más libertad para probar distintos métodos para que los estudiantes de New Brunswick puedan llegar al propio nivel, como por ejemplo quedarse abiertos todo el año.

Las escuelas Católicas en unos entonces ofrecían alternativos a las escuelas públicas, pero como el número de personas en las iglesias y estudiantes en las escuelas se redujeron dramáticamente, todas cerraron.

La secundaria de St. Peter's fue la última escuela Católica en New Brunswick, y se cerró en el 2010.